Este es sin duda alguna uno de mis refranes romanos preferidos, muy utilizado también en el resto de Italia con su forma no dialectal: “Non c’è trippa per gatti”. Su significado está íntimamente ligado al imaginario romano por sus icónicos gatos, la trippa y su protagonista, el alcalde de la ciudad a principios del ‘900. Quiere decir que para obtener algo es preciso luchar hasta conseguirlo por uno mismo, atendiendo a nuestra propia naturaleza sin dar nada por supuesto.

 

En otras palabras, en momentos de penurias no podemos contentarnos con soluciones a corto plazo, esperando que llegue por cuenta de otras personas. Y no nos referimos únicamente a la comida, si no a cualquier tipo de privilegio o circunstancia.

 

El dicho surge de una anécdota acaecida durante el mandato de Ernesto Nathan, alcalde de Roma entre 1907 y 19013, quien tras revisar los presupuestos de la Città comenzó a reparar en el derroche que se hacía en cosas superfluas. Llamaron especialmente su atención unas cuentas que mencionaban “frattaglie per gatti” (menudencias, sobras) para alimentar a la colonia de gatos encargados de custodiar el Archivo del Campidoglio.

Estupefacto, ordenó cancelar el gasto de inmediato ya que precisamente éstos debían ser su sustento, apelando al instinto cazador de los felinos y acuñando la frase que luego pasaría a la historia:

 

“Mi sembra più sensato che caccino e mangino i topi. Non c’è trippa per gatti”

(Me parece más sensato que cacen y coman ratones. No hay tripa para gatos)

 

El personaje: Ernesto Nathan

Nacido en Londres en 1848, hijo de Sara Levi y Moses Nathan, llegó a Italia en 1859.

Su juventud transcurrió entre Florencia, Lugano, Milán y Sicilia, recabando en 1870 en la Ciudad Eterna.

Durante estos años se sintió atraído por las ideas de Giuseppe Mazzini y con 25 se trasladó a Roma para trabajar en la revista “La Roma del Pueblo” para después iniciar una inexorable carrera política que lo conduciría en 1898 a ser elegido consejero comunal de la capital.

 

En menos de una década, se yergue como Alcalde de Roma, periodo en el que la ciudad estaba experimentando un crecimiento demográfico y arquitectónico sin precedentes, por lo que eran necesarios un rigor económico y una ética de primer orden.

 

Nathan era reconocido precisamente por estos valores y en efecto combatirá a los grandes terratenientes, favoreciendo la enseñanza laica y velando por un uso responsable del suelo, ganándose el apelativo de “Alcalde de la Modernidad”.

Su casa se convirtió en uno de los epicentros de debate literarios y políticos de la época, frecuentado por personalidades como Carducci y Francesco Crispi.

En 1887 entró a formar parte de la Orden Masónica Gran Oriente de Italia, siendo nombrado Gran Maestre en 1899 y 1917.

Nathan fue el primer alcalde judío de la historia de la ciudad, así como el primero que no pertenecía a la élite de los grandes propietarios, que habían controlado la política romana hasta entonces.

Motivado por su profunda convicción en la importancia de la secularidad y la ética política, trató de regularizar al máximo la explosión urbanística que había eclosionado en la ciudad después de convertirse en capital de Italia en 1871.

Creyó firmemente en la promoción de un sistema educativo laico en una época en la que la enseñanza estaba dominada por las instituciones católicas.

Abrió un total de 154 guarderías y apoyó activamente el sistema de María Montessori. Inauguró el Complejo Vittoriano, el Palacio de Justicia, el paseo Arqueológico del Aventino y las Colinas del Genio, el Estadio Nacional y el Estadio Flaminio, el primer edificio moderno en Roma para eventos deportivos.

En cuanto a su papel en el entramado público cabe destacar el Planteamiento Regulador Urbano que propuso en 1909, la instauración de la red de transporte público (ATAC) y la Compañía de Energía de la ciudad (ACEA) en 1912.

 

Sin embargo, pronto las facciones más conservadoras comenzaron una campaña de desprestigio que daría al traste con su carrera. Pero esa es otra historia, su legado es de tal trascendencia que hoy día aún perdura.

¿Te gustaría conocerlo? En próximos artículos trataremos en profundidad sus mejoras de la Città Eterna.

 

Referencias:

  • Post en pagine ebraiche en Facebook sobre el personaje
  • Trippa alla romana: Callos de ternera. Generalmente se preparan con una salsa de tomate, mentuccia (menta de la zona), queso pecorino romano y un sofrito de verduras (cebolla, zanahoria y apio) y era el plato de los sábados.

Para saber más sobre la cocina romana visita la sección “Gastronomía” de Audioguiaroma.com

  • Romani, Rafaella: “Nun c’è trippa pe’gatti” en Ezrome.it.
  • Ghezzi, Riccardo: “Chi ha coniato il modo di dire” en L’informale.eu
  • Alf76: “Non c’è trippa per gatti” en masedomani.com